miércoles, 26 de noviembre de 2008

Aguas virtuales

Como quiera que la técnica requiere de recursos para progresar, los científicos e ingenieros pasan a hablar como políticos para embelesar a los profanos según sus intereses. Así, se llega a leer en artículos que se suponen serios afirmaciones como que la reducción de la huella hidrica se puede alcanzar rompiendo la relación entre desarrollo económico y consumo. ¡Ahí, con un par! Y se habrá quedado a gusto el articulista... Desarrollo económico sin consumo... ¿Y por qué no hablar de calvas sin cabezas? Ya puestos...

No citaré la fuente de dicha afirmación porque no es relevante. Lo tristemente relevante es que se pueden encontrar con frecuencia afirmaciones de tan dudosa veracidad como ésta en muchos artículos donde no deberían encontrarse. El técnico lejos de ejercer como tal, usurpa las funciones del político flojo y sin preparación (que son la inmensa mayoría en cuestiones técnicas) y se dedica a hacer demagogia a través de juegos de palabras y exposiciones de ideas confusas y equívocas, que inducen falsas expectativas.

No se puede prescindir del consumo para impulsar el desarrollo económico. De hecho, el consumo es la base del desarrollo económico, y dado que el status económico no siéndolo todo es fundamental para determinar el estado de bienestar de cualquier ente social del tipo que sea, el consumo es la base misma del desarrollo social.

Teniendo en cuenta que las leyes básicas de conservación nos recuerdan que ni la materia ni la energía se crean o destruyen, sólo se transforman, lo cierto es que afirmar barbaridades como esa no es de recibo de ninguna publicación seria. Lo único que estamos haciendo en la actualidad es sustituir unos problemas por otros. Retrasar en el tiempo lo que, si no hacemos jugar otras variables, será inevitable: El colapso de nuestra sociedad.

Y uno de los mayores problemas de nuestra sociedad, ya actual, y en el futuro más inminente no parece que vaya a mejorar su situación, es el abastecimiento de agua.

Un hecho que parece a todas luces evidente es que no se puede consumir más agua del existente, y no parece que debiese sorprender a nadie que se afirme que detrás de cada uno de los distintos productos que consumimos existe un consumo subyacente de agua, ya que su elaboración así lo exige. Esa cantidad de agua es a la que se ha dado en llamar "Agua Virtual".

Según los actuales cálculos de agua virtual, detrás de la producción de 1 hamburguesa existe un consumo de 2400 litros de agua. Detrás de la fabricación de una camiseta de algodón, unos 4100 litros; e, incluso, una simple y sencilla taza de café puede suponer un consumo de unos 140 litros de "agua virtual". Que uno se pregunta cuando se entera de estos valores, ¿cómo será la taza de café?

Bromas aparte, lo cierto es que so pretexto del llamado "agua virtual", término que me parece una vez más equívoco y además en este caso, peligrosamente equívoco, porque pudiera inducir a pensar que es un agua que realmente no existe, se habla de incluir los costes que del consumo de dichas cantidades de agua se derivan, como si hubiese algún empresario que pudiese producir un producto sin computar sus costes.

El agua virtual está bien como concepto. Ayuda a tomar consciencia de los gastos de agua de nuestros actos y a tener en cuenta el valor de un bien que tal como rezaba la Ley 29/1985 de Aguas:

"es un recurso natural escaso, indispensable para la vida y para el ejercicio de la inmensa mayoría de las actividades económicas; es irreemplazable, no ampliable por la mera voluntad del hombre, irregular en su forma de presentarse en el tiempo y en el espacio, fácilmente vulnerable y susceptible de usos sucesivos."

(Ley 29/1985)


Pero temo que poco más. Pretender que la introducción de los consumos virtuales del agua en los costes de producción solucionen algún problema es una ilusión. Más que nada, porque dichos costes ya se incorporan. El agua no es virtual, no es un bien intangible, y cuando se abre el grifo, el contador corre. El agua forma parte como cualquier otro factor de la función de producción correspondiente.

Eso sí. Es un concepto que permite evaluar el impacto ambiental de nuestros actos en términos de consumo de agua. Sería interesante ver qué resultado arrojaría considerar los consumos virtuales de agua sobre la tan manida disputa sobre el trasvase y las desaladoras, por ejemplo.

Lo que no admite duda, sin embargo, es que el agua virtual no quita la sed. Incluso suprimiendo cualquier tipo de subvención al agua, y pagando por ella el precio que obtendría libremente en mercado (hay que tener presente que dichas subvenciones se obtienen de recaudar los correspondientes impuestos), el cómputo del agua virtual no haría sino encarecer los productos de consumo, medida que al final repercutiría como siempre en los mismos: Los que menos agua tienen, que no dejan de ser, salvo algunas excepciones como Kuwait, por ejemplo, los que menos tienen de todo lo demás.

Y quizás aquí es donde radique la verdadera importancia del "agua virtual": En el potencial de comercio que genera con países terceros que pueden ser ricos en algún otro recurso especialmente importante para las economías desarrolladas (esas en las que hay que romper la tendencia de relacionar el desarrollo con el consumo) que pueden proporcionar productos de alto consumo de agua.

Dicho en román paladín: Que si es cierto que existen países ricos en oro negro, no lo es menos que existen otros países ricos en agua; y que si bien es cierto que el petróleo sirve para muchas cosas, para lo que no sirve de ningún modo es para beber. ¿Se puede vivir sin petróleo? En el mundo actual parece claro que no, pero puede dejarse abierta la pregunta. ¿Se puede vivir sin agua? La respuesta es no, sean cuales sean los escenarios que se consideren.