viernes, 25 de julio de 2008

La I+D+I. Introducción (II)

En la actualidad, sucede algo parecido, por ejemplo, con el mármol. Italia es el primer productor del mundo, le sigue España; pero conviene tener presente que parte del mármol elaborado que en el mundo se vende como italiano se obtiene de materias primas españolas.

De hecho, no es difícil observar a lo largo del globo terraqueo que países ricos en materias primas no se han correspondido de forma inequívoca con países más industrializados, avanzados o con un nivel de innovación más alto. Paradigma claro de lo que estamos diciendo lo suponen los países de la OPEP, que teniendo en sus manos más del 62% de todo el oro negro del mundo, no han sido los creadores de la Mercedes o de la General Motors, por poner un simple ejemplo. Y es que, con frecuencia, la posesión de recursos naturales ha llevado a su explotación directa, como forma cómoda de economía. Algo así, posiblemente, resuma parte de la historia de España.

Más recientemente, es innegable el efecto del régimen franquista sobre el conjunto de la sociedad; pero, en este sentido, tampoco consiguió elevar a España precisamente a las cotas más altas de la I+D+I. En 1939, se creó el CSIC, y en 1941, el INI – Instituto Nacional de Industria, del que acabaría derivando la SEPI. El resultado final de todo el periodo franquista fue, en general, una hipertrofia de los sectores básicos y, por el contrario, tecnología propia escasa e infradesarrollo de los sectores tecnológicamente más elevados.

La Ley 13/86 introduce en España un marco normativo que permite comparar los resultados con los de los países del entorno. La entrada en Europa, ayuda a que España empiece a tener una mejor perspectiva de lo que le rodea y pueda participar de proyectos internacionales, etc. Sin embargo, el retraso acumulado, y las erróneas políticas de impulso hacen que no hayamos sido capaces aún de alcanzar a nuestros competidores.

(Tercera Parte, próximamente)